domingo, 29 de septiembre de 2013

Exilio.



No tanto porque fuera doloroso,
sino más por esta silueta tuya que se torna desvanecer.
Desvanecer atolondrado,
fuga antónima del ascender juntos  el futuro no labrado.
Te fuiste, te vas, te irás...
Reposará entonces en el frasco
 el almíbar del domingo tarde pausado y descerebrado.
Arisco mi argumento para pretenderte retroceder
arañará tu decisión inamovible.
Recordaré entonces las mil veces de mis miedos,
las mil veces de mi banquete de boda y de mis sollozos nunca ciertos...
y moriré, maldita sea, moriré...
y ya no existirá nuevo día ni nueva luna,
ni cielo roto ni espina, ni intriga
no seré ambiciosa ni ambigua
y recordaré, de gota en gota, de cuna en cuna,
que tal vez ese dolor fue solo lluvia
y gracias a mi madre y a mi ruina
me abrazaré con los cinco sentidos y entenderé por fin
que nadie fue mío y yo fui de todos.
Besaré en la Antártida a la madre Tierra, agradecida.
Y por fin, formaré parte del Universo
sin principio, sin extensión, sin final


Como Céfiro restaré...

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